.:: La vida fit ::. ¿Para qué corro?, por Xris Rebollar
 
¿Para qué corro?

6:42 am, enjuago por tercera vez con agua fría mi rostro, evidentemente afectado todavía por el ritual matutino de cada día hasta despertar al 100%, y procedo a la rasurada cotidiana. Pero esta vez es diferente, hay algo nuevo en los planes para mi jornada, que no incluía desde hace casi 6 meses: Iré a trotar algunos minutos a mi parque personal (nombrado por mí mismo como “El parque de los campeones”) porque en dos semanas empezaré un nuevo ciclo de entrenamiento rumbo a mi décimo maratón. Así es, seis años después llegaré a la decena de medallas para esta distancia, y ninguna de las 9 ocasiones anteriores estaba tan emocionado como hoy.

Te preguntarás, ¿qué tiene de diferente y especial si ya van 9? Y la respuesta es sencilla, este será especial porque es la primera vez que empezaré de cero, y siempre he defendido la idea de que para dejar entrar algo nuevo en tu vida primero tienes que dejar ir todo lo anterior. Y esta ocasión, así lo veo. Llego sin cargas emocionales por las experiencias anteriores, sin cansancios, lesiones ni pendientes atlético deportivos que impidan un nuevo ciclo de entrenos. Llego con la ilusión de hacer la mejor de mis competencias y de cumplir una nueva serie de retos personales que día con día se van situando frente a mis ojos y hoy empiezan a copar los cuadritos del calendario que indican la fecha esperada: 31 de octubre. Aunque ahora que me veo, sí traigo algo cargando, y son esos kilitos de más que, según yo, están bien acomodados, pero que se ajustarán con el paso de los kilómetros.

De hecho, hace días tuve la oportunidad de platicar en una de mis transmisiones en vivo sobre «Un alto en el camino, la importancia de tomar un respiro» (si no lo has visto, puedes encontrarlo aquí), y reflexioné sobre lo duro que es para la gran mayoría de nosotros detenernos en la búsqueda de nuestros objetivos, recargar pilas e iniciar nuevamente con frescos y renovados bríos. Varias preguntas llegan a mi mente: ¿perderé todo lo que había conseguido?, ¿de verdad estoy preparado para otra competencia?, ¿por qué dejé de correr 6 meses?, ¿será que me apasiona el running o estoy harto de…? Y así, una tras otra invaden mi cabeza para sacudir un montón de ideas que llevan tiempo revoloteando mi mente.

Próximo miércoles en «Hablemos de fitness»:

Uno de los mejores consejos que alguien ha podido brindarme en la vida fue “cállate, mira las estrellas, recibe el sonido del mar, siente la arena bajo tus pies… disfruta este momento”. Y sí, desde ese día algo en mí cambió. Me detuve para aprender a disfrutar cada pequeño detalle que estaba frente a mí, porque llevaba tiempo viviendo tan de prisa que sin darme cuenta, dejé pasar cientos de oportunidades, proyectos, personas, experiencias, etc., dediqué mis energías a llenarme de actividades y hablar de todo cuanto llegaba a mi ser, sin percatarme que realmente no estaba disfrutando este maravilloso proceso de despertar jornada tras jornada. Pensaba que mi manera de «vivir la vida» era precisamente andando a marcha forzada cada minuto para aprender algo, construir, diseñar, conocer, viajar, trabajar, crear, ir, venir, salir, publicar en redes… y realmente hace mucho tiempo no dedicaba un momento entero para disfrutarme como el día de hoy creo merecerlo. Fue justo ahí, cuando me pidieron «detenerme», que comprendí el paso exprés y efímero del tiempo pasado sin haber interiorizado muchas de esas experiencias.

¿A qué viene todo esto con correr? No sé si te ha pasado, pero ahora que me lo pregunto puedo aseverar con total firmeza que realmente hubo un momento en que no supe para qué lo hacía y solo era por una sana costumbre de «entrenar para ir a correr a tal lugar». Seis años de ciclos continuos de entrenamiento, de pasar semanas siguiendo planes, asistiendo al gimnasio, comiendo lo que me recomendaban los profesionales, pensando estrategias, comprando prendas, publicando mis resultados, «motivándome» con los éxitos y fracasos de los demás, pero realmente dejé de disfrutarlo porque se convirtió en una actividad mecánica. No diré que fue una pérdida de tiempo, porque realmente no fue así y estoy orgulloso y agradecido con mi cuerpo por cada kilómetro que he recorrido desde ya hace muchos soles, pero… ¿realmente amaba correr?

Creo que sí, pero como a veces pasa con las relaciones de pareja, esa forma de amar se fue transformando y evolucionando con el tiempo. Recuerdo muchas veces haber despertado para ir a hacer mi domingo de distancia con cero ánimos, pero con la ilusión del «debes ser fuerte, disciplinado» para darle al coach buenos números. Ir al supermercado a comprar mi dotación bimestral de electrolitos y pan de doce granos para el sándwich nocturno, y la parada obligada en el outlet de mi marca favorita para elegir las prendas de la nueva temporada. Pero seré honesto, hace mucho tiempo incluso dejé de disfrutar estrenar una playera o un par de tenis. Hoy volteo al pasado y no puedo creer lo desanimado que estaba cuando encontré una oferta de 2x1 en tenis, y aunque la aproveché, no tenía una sonrisa en el rostro por tener «llantas nuevas» al menos para los próximos doce meses. ¿Te ha pasado?

¿Por qué corro? A veces he pensado que por sentirme bien conmigo mismo, por liberarme del estrés diario, a veces por la medalla; en ocasiones he corrido por acompañar a alguien cercano, o por unirme a los planes de un grupo de entrenamiento con objetivos comunes. He pensado que corro por salud, vanidad, moda, incluso por ser parte de comunidades. Pero, ¿realmente corro para mí o para los demás? Debo reconocerlo, creo que después de cierto tiempo empecé a correr para demostrarle a la gente el potencial que traía dentro de mí, por presumir la medalla en redes sociales y recibir las felicitaciones de conocidos y desconocidos que, muy probablemente, estaban en la misma situación que yo. Pero, lo que se dice «correr para mí», creo que no

Uno de los mejores consejos que alguien ha podido brindarme en la vida fue: "cállate, mira las estrellas, recibe el sonido del mar, siente la arena bajo tus pies... disfruta este momento..."

¿Y sabes algo? No está mal… al final, logré muchos de los objetivos planteados, pero hoy desde un punto de vista muy alejado al haber estado fuera de las calles y pistas por casi cinco meses (Cozumel no cuenta, fue como un pequeño receso y vacación en el camino, además de una lesión), tengo una gran ilusión por embaucarme en esta nueva aventura rumbo al décimo maratón. Sin embargo, aunque he amado y disfrutado (o sufrido) cada uno de los anteriores, hoy estoy con la firme convicción de pararme cada mañana, llegar al mismo espejo, enjuagar la cara una y otra vez sabiendo que, día con día, volveré a enamorarme de esta maravillosa actividad que tanto extraño y que me ha regalado muchos de los mejores momentos, recuerdos y amigos en la vida.

Además, como extra, en esta ocasión iré tomando la mano de alguien muy especial, y eso por sí mismo, ya lo vale todo. ¡Áaaaaamonos recioooo!

Gracias por leerme, salud por nuestros caídos.

Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad del autor y no necesariamente coinciden con las de La Vida Fit.

 
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